Juzgar a los demás. Esta es una actitud que tiende a distanciarnos del amor del Padre. En el gran Sermón del Monte, Jesús dio la siguiente advertencia:
📖No juzguen, para que no sean juzgados. (Mateo 7:1)
A continuación, explicó por qué no debemos tener este tipo de actitud condenatoria, ya que todos somos imperfectos:
📖Porque con el juicio con que juzguen serán juzgados, y con la medida con que midan se les medirá. (Mateo 7:2)
Es imposible no hacer valoraciones en la vida. Naturalmente, emitimos juicios y tenemos nuestras opiniones sobre las cosas y las personas. Pero aquí Jesús llama nuestra atención sobre el pecado de juzgar y condenar a las personas sin siquiera mirarnos a nosotros mismos.
Cuando juzgamos, señalamos libremente los errores de los demás, pero por conveniencia, olvidamos los nuestros. Y luego recorremos el peligroso camino de la hipocresía y la falsedad.
📖Pero si nos examináramos bien a nosotros mismos, no se nos juzgaría. (1 Corintios 11:31)
Siempre es más fácil ver los defectos de las personas que admitir nuestras imperfecciones, nuestros miedos y fracasos. El juicio de los demás nos sirve muchas veces para ocultarnos a nosotros mismos el hecho de que nosotros también tenemos problemas.
No juzgues, si no quieres ser juzgado
- Mejor que tener razón es tener paz unos con otros.
- El juicio ajeno es susceptible al engaño y es casi siempre una actitud inútil que solo consume tiempo y paz interior.
- La diversidad de juicios y opiniones tiende a causar enemistad entre familias y amigos, divisiones en las iglesias y disensiones entre hermanos. Así que sé prudente, piensa bien antes de hablar sobre o con alguien.
- Mira dentro de ti y ten cuidado de no juzgar las acciones de los demás. Cuando tomamos tiempo para examinarnos a nosotros mismos, el resultado es siempre positivo y fructífero.
- ¡Ora! Dios conoce tu corazón y conoce la situación que estás enfrentando. Pídele que te ayude a ser más humilde y moderado, actuando siempre con sabiduría.
Para orar: Señor, Dios mío y Padre, perdóname por las veces en las que juzgué y condené a otras personas. Solo tú eres el juez justo que juzgará a todos, así que yo no tengo ese derecho. ¡Guarda mis labios y mi corazón! Ayúdame a mirarme a mí mismo y ver que yo también tengo defectos y necesito mejorar. Los malos juicios solo traen tristeza y separación, enséñame a ser manso y humilde, tal como Jesús. Permíteme guardar esta palabra en mi corazón, para no pecar contra ti, ni contra mi prójimo. En tu nombre oro con gratitud. Amén. 🙏



